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juan manuel de la rosa | el desierto de la sal

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El rescate del Papel

Juan José Arreola

Como artista sensible, Juan Manuel de la Rosa se atiene ahora a las íntimas fibras del papel. Ese fieltro vegetal que amamos todos, como si fuera nuestra pulpa del alma; porque sobre ella escribimos, dibujamos, con plumas y lápiz, o diluimos colores mediante los artificios de aguada o acuarela…

Pero he aquí que el papel se presta a nuevas invenciones. Puede ser disuelto y machacado, para prestarse a la escultura. O ser simplemente doblado o desdoblado, o perfilado con tijeras, para otorgarnos inéditos regocijos. A pesar de todas las humillaciones debidas a la imprenta y aún a pesar de ser moneda en nuestros días, el papel, como toda creación del espíritu profundo, es capaz de recobrarse, como materia viva, cuando se le trabaja a mano. Y entonces resulta del mayor interés, ahora mismo, cuando Juan Manuel de la Rosa pone sus manos espirituales sobre la materia del papel, para dejar en ella su impronta: esta firma de artista.

De la Rosa es en México un heredero legítimo de todos aquellos hombres que labraron el papel a partir de los chinos que desmadejaban capullos de seda y de los árabes que deshilaron copos vegetales de algodón, para crear la primera hoja de papel Damasco, que ha llegado a nuestros días. Juan Manuel de la Rosa, olvidando toda la maquinaria industrial, se ha puesto a elaborar papel a mano, a la cuba y a la pila. Dejando sin cortar sus barbas naturales, esos filamentos más allá de nuestro alcance… Y sobre cada hoja dibuja y pinta. Pero también troquela. Porque secretamente sabe que el papel es una materia plástica entre todas. Capaz de caer en todas las tentaciones del espíritu.

Ciudad de México, 1976 

 
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